Mi infancia en Aldeas Infantiles SOS

19 de August del 2015

Mi nombre es Plamen y nací en 1985. Durante casi ocho años viví en un orfanato en Dren. No tenía idea de cómo debía ser una verdadera infancia hasta 1993 cuando fui a vivir con mi mamá SOS Temenushka, en Aldeas Infantiles SOS de Tryavna.

Llegando a casa

Era febrero de 1993. Un conductor llegó al orfanato, decía que venía a por mí. Yo estaba asustado. No conocía a ese hombre ni tampoco el lugar donde iba. El hombre me agitó el pelo con cariño y me dijo que estaba allí para llevarme con mi mamá SOS. Me comentó que ella quiso venir pero un contratiempo en el último momento le hizo quedarse en casa. Sonriendo me dijo que mi nuevo hogar me gustaría. Su voz era dulce.

Rápidamente cogimos el coche. Fue la primera vez que viajaba tan lejos de la capital, a 50 kilómetros. Paramos en varias ocasiones para que no me marease, me dio agua y zumo, y me dejó descansar. Recuerdo que mi nueva madre le telefoneó para saber cuánto faltaba por llegar.

No estaba acostumbrada a tantos cuidados y me sentí seguro. Él era quien llevaba a los niños junto a nuestras madres y quien me mostró por primera vez este lugar, la Aldea Infantil SOS de Tryavna, el lugar donde los niños se sienten seguros y protegidos.

Cumpleaños

Acababa de cumplir ocho años prácticamente tras llegar a la Aldea. Mamá invitó a otras familias SOS e hizo una tarta. Había regalos, muchos regalos, pero no recuerdo ahora ninguno de ellos. Sólo recuerdo la tarta. Por primera vez celebraba mi cumpleaños.

Durante mis años en el orfanato, sólo entendía que era una fecha señalada, era mi cumpleaños, pero no sabía que era un día de celebración, y mucho menos imaginaba llegar a comer un delicioso pastel que sólo mamá sabe hacer.

Mamá SOS

Mamá nos llevaba a su ciudad natal siempre que podía, pero a veces nos dejaba con nuestra cuidadora SOS y yo me preocupaba. Solíamos pensar que no volvería. 

Cuando regresaba a casa, era como una pequeña fiesta para nosotros: la abrazábamos durante horas y no la dejábamos levantarse hasta que le contábamos todo lo que había sucedido en su ausencia.

Mi madre SOS es mi verdadera madre. Es quien me ha convertido en la persona que soy ahora. Ella fue la primera que creyó en mí y me apoyó. Fue la primera persona que me quiso y a la que quiero con todo mi corazón. 

En 1995, fuimos a la inauguración de la segunda Aldea Infantil SOS en Bulgaria, concretamente en Dren. El orfanato donde crecí durante los primeros años de mi vida estaba allí y no pude evitar recordar lo que allí viví. Cada kilómetro que avanzábamos el corazón me latía con más fuerza pensando que iba a volver a mi vida pasada.  Guardé silencio durante todo el viaje. 

De pronto, mi mamá me tomó la mano y me dijo: “no tengas miedo, yo soy tu mamá”, y me abrazó. En ese momento me sentí seguro, sentí que no importaba lo que pasase, ella siempre iba a estar a mi lado.

Cuidados

Cuando tenía once años me caí golpeándome fuertemente la cabeza. No fue nada serio pero sangraba. El resto de niños llamaron rápidamente a mi mamá.  Ella salió corriendo y junto al conductor, me llevaron al hospital. Me sostuvo durante todo el viaje y me abrazó, “no tengas miedo”, me repetía. A su lado no lo tenía. 

En ese momento recordé cuando me rompí el brazo en el orfanato. Me metieron en el asiento trasero de un coche. Iba sólo y tenía cinco o seis años. Sentí cada bache del camino, recordé cómo me dolía y cómo con la otra mano me secaba las lágrimas. Entonces sí que tenía miedo.

En la Aldea Infantil SOS de Trjavna…

… aprendí a decir mamá por primera vez, en el orfanato sólo decía “señorita”.
… tuve mi primera bicicleta. En el orfanato no tenía nada propio. Nada era mío.
… compartía habitación con sólo un niño. En el orfanato, compartía con veinte más.
… aprendí cómo se siente cuando te quieren.
… tuve una infancia.

Silviya Lulcheva, actriz y embajadora de Aldeas Infantiles SOS de Bulgaria, a menudo dice: “en los orfanatos los niños quieren irse, en Aldeas, los niños quieren quedarse”.

A menudo  recuerdo esta cita cuando quiero expresar qué siento por mi casa en la Aldea. Los hermanos, las madres SOS, nuestras casas, la gente que trabaja allí, nuestros amigos… Cada vez que una persona iba a la Aldea, sin importar el motivo, queríamos que se quedase a compartir el amor y la felicidad que allí vivíamos.